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29 julio 2009

Fin

Era el día de su sepelio. Lo raro es que se sentía más vivo que nunca. Había ilusión en su corazón, paz en su alma, alegría en sus pupilas. Su círculo más cercano, familia y amigos, decidieron darle su último adiós en medio de flores otoñales, un cajón oval, música de antaño, café y cigarrillos. Y él, deambulando por toda la casa, intentando convencerlos de su error: ¡mírenme, por estas venas aún corre sangre! No había forma. Nadie lo miraba, nadie lo escuchaba, era como si no existiera, como un fantasma.
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Lo afeitaron, lo engalanaron con el mejor de sus atuendos, el de matrimonio, le engominaron el cabello y recortaron su bigote cantinflón. Y él protestando: que no, que el copete va cargado a la derecha, ¡que no, que no me toquen el mostacho!, esos lentes me sientan horrible, con esos zapatos me duelen los pies. Pero ya todo daba lo mismo. Lo acomodaron en el cajón como a un delicado recién nacido. Sin muchos preámbulos. En silencio.
Llegaron los afligidos, los inconsolables. Se tomaron el café y se fumaron los cigarrillos. A él, ni una sola mirada. Él, abandonado en su cajón, exponiendo su diatriba.
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Lo enterraron a las cuatro y media de la tarde, sin lluvias, sin lamentaciones, sin grandes ceremonias. Vivo.

01 julio 2009

Si volviera a nacer volvería a quererte, sin remedio.

La vida es un círculo perfecto.
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Va camino a la farmacia para encontrar un remedio, un antídoto, una solución. Va a una de esas boticas modernas en donde los medicamentos están acomodados como si de un supermercado se tratara, de tal forma que uno puede deambular por los pasillos, explorar estanterías repletas de cápsulas, jarabes, ungüentos, pócimas, venditas, cosméticos. Camina y camina. Lleva al menos una media hora recorriendo largos senderos buscando una medicación que calme su dolor, paseándose con una simpática canastilla plástica de color azul, uno de esos trastes que nos facilitan para ir colocando los curalotodo que precisamos.
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Finalmente, abatida, se dirige a la caja número dos con el canasto vacío. El farmaceútico de turno que ya a comenzado a ver una extraña mutación en su rostro, sus ojos desencajándose de ira, se protege tras el mostrador. ¿En qué puedo servirla? le pregunta titubeante. ¡Te odio!, gritó, ¡te odio con todas mis fuerzas, canalla! ¡cómo fuiste capaz! Estaba atónito, ¿pero qué sucede? preguntó. Creo que se equivoca de sujeto, señorita, jamás la he visto en mi vida, continuó. Esquivó un manotazo que iba directo a su rostro, pero ella volvió a la carga atacándolo con el panier azul. Tras un par de golpes más la mujer huesuda estalló en llanto, se dejó caer sobre el mostrador y posó una de sus manos sobre su frente, estaba desesperada. El resto de los clientes querían lincharlo, esperaban expectantes alguna señal de la mujer para partirle las piernas al granuja. La gente necesita desquitarse de la perra vida que les ha tocado vivir. Necesitan una causa, un boxing-bag para eliminar sus frustraciones, sus fracasos. Él se acerco a la mujer, le acarició la mejilla, intentó consolarla, le secó algunas lágrimas con el pulgar. ¿Estás bien? preguntó. Luego intentó defenderse, "no te conozco, juro que nunca antes te vi", dijo.
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La gente aguardaba con impaciencia el desenlace. Todos estaban dispuestos a molerlo a palos, o tal vez a aplaudir; la historia se ponía interesante. "Es verdad", dijo ella. "No nos conocemos, aún. Pero lo haremos y terminaremos mal. Me partirás el corazón". Un inconsciente "discúlpame" brotó de los labios de él, seguido de un: "Me pregunto si sería de tu agrado salir a conversar afuera, o quizá tomarnos un café en el bar de la esquina para relajarnos, o simplemente caminar bajo la lluvia... tomados de la mano"
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18 junio 2009

Anecdota medieval

Ella era el aroma seráfico, un obsequio de la beldad para cautivar y degustar en el empíreo pero un fenómeno impetuoso y libidinoso se apoderaba de Augusto Lucio, la lascivia se desbordaba en él, un vendaval de lujuria lo rodeaba como un huracán y lo tenía como maniaco delirante de pasión. Entregado a la crápula permanente debilitó su cuerpo pero, a la vez, excitó su voluptuosidad y timidez impidiéndole así reprimir los impulsos que lo incitaban a profanar la aureola de candidez de María Enriqueta.
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"¡Oh Dulce doncella! princesa de ternura angelical, grácil criatura, damisela hermosa de exótica silueta, de delicadas formas hechizantes, es mi propósito dedicar la tarde a libar vuestra vagina con el afán y vocación de un gourmet."

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Es imposible representar fehacientemente la sonoridad del sopetón por la palabra escrita.
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15 junio 2009

Discordancia

Del otro lado del espejo, los pensamientos son eternos. Cuando el otro, mi otro pensamiento, ve salir de sus orejas lindas burbujas centelleantes capaces de deformarse incansablemente para no reventar: sueño. Es buena práctica en aquel mundo donde las únicas tareas posibles son las artes. Las burbujas se retuercen y dansan hasta formar un pequeñísimo trozo de papel (conocido también como: Ilusión) que sólo el pensamiento puede distinguir. Sobre este pequeño trozo de papel encuentro todo aquello que mis sueños necesitan logrando así crear grandiosas obras de arte. De ese lado del espejo, tengo diversas e inagotables manantiales de inspiración. La magia está presente en todo el mundo, cada ser es mágico y portador de una historia más o menos legendaria. Del otro lado del espejo, también he visto hadas y príncipes, todos minúsculos, y que apenas se distinguen, pero los seres de este mundo-real no logramos ver todo lo deseado, portamos un ennegrecida venda que nos impide maravillarnos de todo lo banal. Anhelo aprender a tener cuidado en ello, a admirar todo con los ojos de un niño encantado, a fascinarme con el cantar de los pájaros, a ilusionarme con una puesta de sol. A amar las pequeñas y grandes cosas, a omitir las quejas, a degustar cada bocado como si esta fuera la primera, última y única vez.

03 junio 2009

Más de lo mismo

Terminé de escribir el soneto. Me serví un trago. Salí al balcón de 2 X 2. -¡Soy genial, soy puro talento!- grité con todas mis fuerzas. -¡Cállate, imbécil!- se escuchó a la lejanía, desde la ennegracida noche, entre el repicar del granizo sobre las techumbres. -¡Cállate o te voy a matar!- otra voz, desde otro rincón, más grave pero menos nítida. -¡Auuu!- un rugido lastimero y femenino que se fue aplacando como si, con una púa, le hubieran atravesado el corazón. Ladridos. El peculiar sonido de una garrafa al explotar contra el asfalto. -¡Puta! ¡Reputa!- dijo un viejete-¡Desgraciados! Estalló un portazo.
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Más de lo mismo, soy un genio, la octava maravilla, pero como siempre la gente está muy ocupada, ensimismada o distraída, la gente no se da cuenta, no me ve.
Entré empapada de resoplidos y lluvia, me senté y volví a tomar mi birome.

01 marzo 2009

Directo al paraiso

El día que descubras la medida exacta de mis piernas, de modo que al lamerlas, desde los talones hasta el ombligo, tu lengua no se reseque, que las conozcas tanto que sin ver calcules la distancia precisa que hay entre mis rodillas cuando están abiertas, y no sólo eso, sino que conozcas el ángulo de la curva que forma cada una de ellas cuando estoy boca arriba. El día que me dejes tus dedos estampados en los muslos con un bello color azulado de tanto deseo, y que sepas que tus manos, allí extendidas, cubrirán todos mis complejos dejando escapar la mitad de mis culpas y que sepas que al momento de buscar la entrada con la punta de tus dedos antes debes recorrer el umbral con sus labios, y que desde ya te conste que disfrutaré sentir tu boca presionada a mis pantorrillas, pero más contra mis muslos, pero más más contra la piel que cubre mi entrepiernas. El día que de alguna manera consigas que mi columna se entere del momento preciso en que tus piernas separaran las mías, y que hasta el más recóndito rincón de mi cuerpo se erice al sentirte dentro, ese día, ese preciso día gritaré, al fin, tu nombre.
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15 febrero 2009

Que quemen el mundo, ¡ya!

Se supone que tengo un carisma desbordante, se supone que siempre irradio optimismo, se supone que tengo ángel, se supone que soy cordial, se supone que soy risueña. Se supone.
No sé cuando dejé de serlo o si tan sólo esto es una consecuencia, momentánea, de mi reclusión. El mundo me tiene harta, todos me irritan: no los soporto.

Parece que estoy parada junto sobre ese punto de desidolatración(?) asquerosa en que te das cuenta que tus amigos son simplemente un espejismo, personas que cuando menos lo sospechas te darán la espalda, personas que cuando más las necesite te lanzarán escupitajos mientras te mandan a la mierda.
Ultimamente mis palabras se rehusan a salir de mi boca, me resulta una tarea titánicamente forzosa el mantener una conversación por más de un par de minutos en donde no salgo del sí, del no, del no sé, o del ándate a la chucha. Veo enemigos en todas partes, entes hipócritas, nada leales, poco confiables, seres que de ser necesario me sacarían los ojos para jugar a las bolitas. Estoy harta de estar harta, agotada por no dormir, deshidratada por no comer. Estoy cansada de mirarme en el espejo y ver mi prematuro envejecimiento, mi inestabilidad emocional. Harta.

Quizá la culpa de todo es la puta crisis económica de mierda, una puta crisis económica de mierda con cara de tercera guerra mundial. Muertos no hay, quizás hay demasiados vivos. Todos vivos pero más cagados que nunca, preocupados, agonizantes. Menuda mierda.

Ayer, alguien me dijo que si estudio Artes voy a terminar prostituyéndome o vendiendo chocolates con los boyescauts. Eso me ha dado ánimos para volver a los libros, me ha motivado para seguir y cumplir mis sueños, para superarme como persona. ¡Ja!


Estoy en mi mejor momento. Lo sé.

14 febrero 2009

Pesadillas

Cuando era niña y en la época en que no vivía en mi casa, sino con mi abuela, tenía la mala costumbre de hablar en voz alta mientras dormía, repitiendo siempre la misma palabra: “mamá”. Quizás era mi oculta necesidad de atención maternal, obviamente porque mi progenitora querida tenía cosas mas importantes que hacer y no podía hacerse cargo de mi. Tendría unos cuatro o cinco años y mami Toña, como llamaba a mi abuela, me despertaba de un sopetón para decirme que ella no estaba, que luego llegaría.Hasta la fecha, estas reacciones me parecen increíbles, casi estúpidas, pues según yo los sueños se guían por la razón, pero creo que hay una parte que no puedo dominar, donde el control sobre mi misma lo pierdo, mensajes ocultos tras una indiferencia fingida, o en este caso palabras descordinadas lanzadas al aire por la ausencia de mi mamá.
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¿A qué viene todo esto? a que anoche me desperté muy angustiada, casi al borde del pánico, terror del que aún no me recupero. No recuerdo muy bien de que iba el sueño, alguien discutía, no sé de qué ni con quien, pero algo debió ocurrir que me causó miedo o una emoción muy fuerte que inexplicablemente corrí a los brazos de mi madre para aferrarme a su pecho, el problema es que yo pensaba que era otra persona, le dije: “te extrañaba tanto, mi amor”, pero lo peor vino luego: ¡la besé! De no ser por un instinto propio de autodefensa me desperté en pleno acto, de lo contrario no sé qué hubiera pasado, quizás habría continuado con muestras de cariño hacia ella, detalles inexistente en mi, simplemente porque no me salen. Me quedé inmóvil un segundo tratando de reponerme de tan desagradable e incomprensible sueño, buscando una razonable explicación, la que nunca llegó pues terminé por volver a dormirme sin conseguirla.
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¡No jodan! que fue sin querer, totalmente inconsciente, lo puedo jurar, es imposible cobijar un anhelo desconocido de volver a verla, me niego a reconocerlo, no, ¡no puede ser que me esté volviendo tan mamona!

Al más allá

-Uy! mira Sofi, ya no se mueve.
-Seguro que se murió, mami, pobrecito, lo botamos, mami?
-Sí, tirémoslo a la basura.
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No creo que exista otra situación en la que se refleje tan bien el significado de la muerte.
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Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
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Anoche asistí a mi propio funeral, me vi muerta dentro de un ataúd, paralizada, imposibilitada para abrir los ojos, con todo el cuerpo frío. Me levantaba, caminaba aturdida por un parque en donde una niña se mecía en un balancín lanzando alaridos infantiles, llantos espeluznantes venidos desde el mismísimo purgatorio. Desperté erguida, incapaz de asumir que sólo era una estúpida pesadilla.
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Dios te salve María, llena eres de gracia, el señor es contigo.
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Crecí entre ánimas, fantasmas y sesiones de espiritismo.
Cerrando, simplemente, los ojos, su cuerpo a la muerte entregó, en un ataúd de excesiva sencillez su cuerpo dejó, asomada con su piel oscura, vestimenta negra y con las manos colmadas de algodón, burlona se durmió, amenazando con volver junto a las almas que un día bajo mi cama escondió. Hoy recuerdo su olor, el olor a muertos en mi casa. A los que volvieron encandilados con el grito que mi abuela con tanta agonía desató.
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Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.
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He pensado en el día de mi muerte, al que asistiré orgullosa como a una coronación, seré la reina. He pensado también que, lamentablemente, sólo en los rituales de la muerte, es donde nos rinden el merecido o inmerecido homenaje de ser los más grandes, los protagonistas, únicos y especiales. Sobre todo con frases como: Era tan buena, que Dios la guarde en su gloria. Pero me asusta el cómo morir. Me cargan las tragedias de cuerpos destrozados en asfaltos, o los catres quejumbrosos de una enfermedad, odio las catástrofes, más aún los hospitales. No espero mucha ciencia para morir, sólo que sea de una manera simple, inesperada y rápida. ¿Cobardía? Quizás. Pero quiero que en el minuto de mi muerte una sonrisa asista conmigo a mi funeral.
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Santa María. madre de Dios. ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte...
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Cuerpos fríos, un rosario, unas velas, algunas flores, un hoyo en la tierra, un par de sepulteros, muchas lágrimas negras, demasiadas frustraciones de los vivos por no haber hecho más por el ahora muerto, o muerta. Ropas oscuras, cuerpos demacrados, ojos envueltos en un trozo de papel que se destroza como ellos en su dolor, una pena y un pesar por no haber pasado más tiempo... conmigo. ¡Ja!
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Gloria al padre, gloria al hijo, gloria al Espíritu Santo, Amén.

13 febrero 2009

Inercia

Es curiosa esa capacidad mía de dormir con alguien, tenerlo dentro de mi y no sentir nada. Sin hablarnos, sin besarnos en la boca, porque así debe ser, casi por instinto, como una simple terapia. Me sorprende tanta frialdad, tanto mecanismo, vestirse rápidamente y que no entienda mi indiferencia, y que se frustre porque no logra comprender por qué ya no lo quiero cuando él mismo, también, ha dejado de querer.
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Es curioso como podemos mezclarnos en la cama y no sentir nada, y que luego, y de una manera misteriosa, ni siquiera su olor permanezca conmigo.

Catarsis

Me paseo por una juguetería hasta encontrar aquella muñeca con la que soñé durante años, esa que deseé tener hace dos o tres décadas atrás, la compro, y me la pido para regalo: adórnela con un gran moño de seda, en lo posible, un moño color rosa y con pequeñas brillantinas, por favor. Salgo, avanzo sobre nubes hasta al auto, me siento frente al volante mientras dejo con sumo cuidado el paquete en el asiento del copitolo, decido partir de inmediato a casa pero ella me mira de reojo, me sonríe, me llama, me pide a gritos, con esos sonidos típicos de los bebés, que la despoje de su envoltorio, que la acune en mis brazos, tomo la caja y me sonrió al instante, ansiosa, rasgo el envoltorio con desesperación. Acto seguido y con un sentimiento de angustia, de frustración ante ese trozo de goma forrado en telas de algodón, la aprieto, me dedico a destrozarla al punto de querer arrancarle la sangre, intento reducirla a sus ínfimas partículas, a simple chatarra, enciendo el auto y lloro, lloro de rabia, por todas las veces que añoré tenerla conmigo, acelero, aumento la velocidad mientras bajo la ventanilla y en un impulso repentino, y con especial énfasis, la lanzo a la carretera diciendo: ¡vete a la mismísima mierrrrda, al infinito y más allá, pedazo de puuutaaaa, púdrete!
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Ya estamos en paz.
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Bah, no digan nada, que me ahorré una fortuna en psicólogos, así que no me juzguen, ¿vale?

22 enero 2009

Si los perros hablaran...

Cuando aún vivía en Chile, a la vuelta de mi casa, había un perro que me odiaba. Cada vez que pasaba cerca de él, se desesperaba, se alborotaba de manera bestial y única, se desbordaba por un odio enloquecido. El animal, atado a un pilar, tensaba la cuerda al límite de la asfixia, sus ojos siempre a punto de escaparse de sus cuencas oculares y rodar por la vereda, sus ladridos sólo se aquietaban cuando la falta de oxígeno se lo ordenaba, sus colmillos prometían que mis pantorrillas jamás permanecerían a salvo sobre la faz de la tierra, su espumosa baba corroía, como un ácido, las baldosas del jardín.
Por mucho que lo ignorara, por mucho que me concentrara sólo en seguir mi camino sin mirarlo, y aún alejándome unos buenos metros, treinta o cuarenta, el perro continuaba, con desmesurado fervor, luchando por atacarme, por acabar con mi absurda existencia.
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−No sé qué le pasa contigo - me decía, el presumiblemente dueño del animal-. Jamás reacciona así, nunca, nisiquiera con los gatos.
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Analizo esas escenas, reflexiono, medito en las palabras del hombre, en el odio del animal. Concluyo en que esa bestia me conocía de algo, que sabía de mí, que sabía cosas...
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20 diciembre 2008

Afirmaciones alternativas

Voy de regreso a casa, decido bajarme antes del autobús para caminar un poco, es temprano, son exactamente las 7:46 de la mañana, corre un viento frío, la calle está solitaria, de ahí su encanto. Los árboles silban una canción que no logr...
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-¡Ey, nena! –Mi nombre es Paloma, juguito de pernos, Pa-lo-mi-ta. Miro a quien me habla. Frente a mí uno de mis vecinos, un hombre atlético, con una caja torácica muy pequeña para albergar un corazón. Va vestido todo de blanco, pantaloncitos cortos, muy cortos, y una sudadera a pesar del frío.
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-¡Nena! ¿qué haces por aquí?
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- Camino -Respondo. Uuufff cuánto me carga redundar.
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-Así veo -dice con una sonrisa mientras corre, no, no camina, él corre. Ha decidido saludarme, pero sin detenerse. Corre a mi lado, en el lugar. Tira humito por la boca, y a pesar de los pantaloncitos y la sudadera, lleva guantes de lana. Exhala salud.
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-Sí -digo. Yo no puedo caminar en el lugar, además tengo cosas en qué pensar: cuál era mi sueño de niña, qué quería ser de grande, quién soy, qué haré, cuándo me perdí, si me encontraré, en fin, cosas así.
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-¿Por qué caminas? –Continúo con mi marcha, con calma, con una hipócrita sonrisa, él sigue trotando a mi lado sin haber sido invitado.
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-¿Por qué no corres, mejor?
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-Porque no quiero -le digo. Prefiero caminar.
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-¡Pero correr hace bien! –se da un golpecito de puño sobre su huesudo pecho.
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-Yo suelo correr 8 kilómetros por día, cada día.
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–¿Ah, sí? Pues... te felicito -digo.
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–Correr es lo más saludable que hay, oye –dice.
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–La salud es un cualidad ambigua –digo–. Muchas veces sobrevalorada.
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–Corre y me afirmas esa pancita –en un minuto de locura, se le ocurre punzar sus dedos en mi abdomen, yo lo miro, de costado, y los quita de inmediato.
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–¿Cuántos chocolates y cervezas erí capaz de zamparte de una sentada? –Le pregunto.
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–Hummm… no, yo no bebo, nada de calorías –dice–. Tampoco toco la carne, soy vegetariano. Tampoco le hago a los lácteos, ni quesos...
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-¿Y qué comes, rabanitos? -Apuro el paso, pero es imposible escapar. Me esfuerzo por caminar rápido, y él por trotar con lentitud.
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–Me hice un chequeo médico hace sólo unos días –sonríe–. Tengo el colesterol en 1.41. ¡Je!–
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-Vamos a ver, guapito... ¿Cuántos polvos te echai en una noche de pasión?. En unas 3 horitas, digamos.
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–Coger, a cierta edad, no es lo más importante, nena –dice. Intento seguir caminando. Ha comenzado a caer una fina llovizna que me picotea la cara.
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-¿Y hace cuánto tiempo que no leí?
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-¿Cómo? No entiendo –sonríe bobaliconamente.
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-Digo que hace cuánto tiempo que no lees un libro, una novela.
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-No tengo tiempo para eso, casi no leo. Pero voy al cine con frecuencia. Deberías correr, nena.
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-Quizás, me lo voy a pensar –le digo–. Te aviso cuando me decida.
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–Llámame, ¿sí?. ¿Tienes mi teléfono?
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–Creo que no, pero cuando te llame me lo das, ¿vale?
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–Verás cómo te sentará bien, nena. Correr te cambia la vida. ¡Hey! oye, no te vayas, escucha, el deporte es como una droga, mira, si yo no corro mis ocho kilómetros diarios me siento fatal, ¡eeeh!, ¡Paloma!, neeenaaaa, ven aquíííí...
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-¡Vete a la mierda, hijo de puta! -digo... para mis adentros.
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Me quiere, no me quiere, me quier...

–¿Me querí?
- Claro que te quiero, ¡yo te adoro!
- ¿Y por qué?
–Porque que sí... me gustas.
–Es muy banal gustar, te pueden gustar muchas, debe haber algo más, un detalle, algo especial.
–Me gusta cómo eres, me hací reír.
–Es la pura novedad, se te pasará.
–Eres atractiva, me gustas físicamente.
–Pppfff no es duradera, mira que el tiempo siempre hace lo suyo.
–Te necesito.
–Tampoco, suena a inseguridad.
–Erí buena compañía.
–Lo mismo se puede decir de un perro.
–Siento que estamos hechos el uno para el otro, por algo nuestros caminos decidieron cruzarse, así, sin planearlo, para complementarnos perfectamente, para encajar cada uno en el otro de una manera ideal.
–Qué exagerado, de ser así, ¿a dónde se va la voluntad?
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Se hace el silencio, una pausa...
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–No sé, quizás tení razón. Tal vez no te quiero.
–Qué lástima, por un minuto creí que eras la persona perfecta para mí.
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28 noviembre 2008

Tiempo al tiempo

Una muchacha, con pasos distraídos, camina por la calle, de pronto tropieza con una fantasmal cáscara de plátano. Patina y cae. Escucho risas, carcajadas. La escena es graciosa, eso siempre y cuando le ocurra a otro, el resto disfruta del show, ríe sin siquiera evitarlo. La chica, despreocupadamente, se sienta al borde de la acera, se recuesta boca arriba, acomoda sus manos debajo de la nuca y extiende las piernas. Decide quedarse allí, con la vista adherida al cielo.
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Sabe, le consta, que las cosas que le han de traer angustias, luego de algún tiempo, pierden la potencia, el efecto, y el pesar, el llanto, se desfiguran, sin poder entender qué sucedió, en algo distinto, en algo radiante, alegre, de un gustillo dulce. Decide quedarse allí, tirada en medio de la calle hasta que eso ocurra, y yo, con una ilusión pegada al pecho, pienso acompañarla.
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Sensaciones únicas, indescriptibles

Los que saben dicen que saltar en paracaídas produce una sensación única, indescriptible. El caer desde tres mil quinientos metros de altura, caer, caer y caer, sin nada que nos sostenga, sólo el apoyo de la inconsistencia del aire, caer hacia la nada por unos instantes que están construidos de la más pura de las eternidades.
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Lo mismo le ha sucedido a él, al abrir la puerta del diminuto placard, y descubrir que de whisky... no quedaba nada.
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22 noviembre 2008

Principito, principito

Me regaló un cactus en lugar de una rosa para que, según él, comprendiera que su amor tiene escencias perdurables.
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-Sí, pero las rosas son más bellas. -le dije.
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-La belleza no es eterna, vida mía, es efímera, dura sólo un instante. - dijo.
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-Ya, pero... ¡el cactus pincha! -le dije.
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-¡Claro! a veces debe pinchar. Ha de tener ese lado doloroso, es parte de su caracter. -dijo.
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-Sí, pero las rosas tienen una fragancia única, un aroma capaz de endulzar el alma. -continué.
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-Es, justamente, esa vaina de sensualidad, cielo, lo que te provocará inmediatos desencantos. Te dejará triste, melancólica. Y traerá recuerdos amargos sobre tus sábanas cualquier mañana otoñal.
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-Sí, pero… –dije, exhalando un suspiro en señal de resignación, mientras acariciaba a todo lo largo, y con la punta de mis dedos, una de sus púas, acomodé mi cabello detrás de una de mis orej...
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–¡Ya, okey, está bien, ¡ya entendí! Lo que pasa es que el cactus estaba en promoción, creéme que fue una ganga el haber aprovechado semejante ofertazo. Otro día te traeré rosas, ¿vale? sólo dame unos días...
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14 noviembre 2008

De tu ausencia

Exhibo mi cuerpo ante imágenes que me constituyen desnuda, imágenes que deforman mi ropa, la desatan, la eliminan para descarchar mi dermis. Me siento en una silla, separo mis piernas formando una uve, una mano descoordinada desciende, no estoy en mi cama, no puedo recargar el cuerpo para hacerlo rápido, esta vez debe ser lento, muy lento.
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Una frase, un cumplido, un deseo desbordado me acaricia y me dice: “Te deseo”. Mis ojos se revelan, se manifiestan, te buscan. Una redondez acentuada en el límite de mis senos muestran la erección de mis pezones, promiscuas ilusiones que me obligan a fornicar en letras.
Mis piernas serán tu sendero, caudal de tu miembro que amenaza con morir lujurioso dentro de mi vientre... me abrazo en el revuelo de una amenaza orgásmica, contraigo mis nalgas, quejidos que rebotan en las paredes de lo imaginario, de una intimidad condenada, de cuerpos deseosos, producto de las ansias no reveladas.
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Palpitar insaciado; doloroso contraste de mi soledad y los sueños de tenerte en mi cama.
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Mientras tanto, seguiremos fornicando con palabras.
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13 noviembre 2008

Palabras, tan solo palabras

Iniciaste una batalla campal de tortuosas caricias, caricias que ayer suplicaban por tu presencia en mi lecho. Abrí mi blusa, te ofrecí mi sexo, mi boca, mi placer... para que tus labios lubricaran mi deseo insatisfecho, mis moralinas se liberaban para ti, entregué mis ansías a tus dedos, a tu cuerpo. Pero decidiste seguir a la sugestión.
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Me abandonaste en el mar de mis deseos que se consumían en los tuyos, por enésima vez, un encuentro que redundaba en un deseo: hazme tuya. Pero sólo hubieron palabras, palabras expertas que a gritos pedían por tu piel, que sin quejas derramaban los suspiros de mi insatisfacción. No pudiste ganarle la batalla a mis piernas, porque no hubo peor sugestión que tu propia y maldita palabra: no te tocaré.
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De putas y cabrones

No tengo ningún diploma técnico –dijo la postulante–, mucho menos un título universitario, mire que a puras paipas mi maire me obligó a terminar la secundaria pa' ser alguien en la vida. No tengo ni la más mínima idea de computación, pero igual les puedo pronunciarles un par de palabras in inglish. Además no tengo ninguna experiencia, ninguna, en nada de nada, pero estoy en condiciones de pegarles una mamada de los mil demonios a cada uno de ustedes que se acordaran hasta de la puta madre que los parió, haré que se les paren hasta los pelos del culo. Quizás quieran traer a alguien más pa' que tambien participe, o evalúe, o constate sacandos fotos. ¿Les tinca?
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–Creo, mi estimado –dijo el Licenciado Del Monte–, que en ciertas ocaciones el test psicotécnico es un recurso bastante limitado. Creo, insisto, que muchas veces no nos permite profundizar en los recovecos conductuales más ocultos de algun candidato...
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–Ni de advertir sus potencialidades –agregó el Licenciado Triviño, mientras bajaba la cremallera de su pantalón.
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